sábado, 26 de mayo de 2007

De tour en La Plata

Los años hacen justicia (¿?) por sí solos. Hace más de 20 años visité esta ciudad y los viejos me trajeron hasta este claustro, pero no hubo caso. Llantos, gritos y patadas. Nunca quise entrar.
Ironía Nº 1. Justo en este momento estoy sentada en uno de los bancos de la catedral, mirando hacia el altar principal de la principal iglesia platense.
Ironía Nº 2. El palacete me resulta una de las construcciones más magníficas del hombre contemporáneo.
Ironía Nº 3. Más bien parece medieval, como toda arquitectura gótica o neo gótica; cuanto más alta se erige, más cerca de Dios se está. Regla de tres simple. Programa de matemática de segundo grado.
Ironía N° 4. Tanta solemnidad e imponencia me hacen pensar acerca de mis inclinaciones religiosas, cuestiones de fe muy personales. Será por eso que el hombre de la Edad Media, que siempre me resultó poco atractivo –quizá por lo estúpido-, debía de temerle tanto a Dios (tanto), que se había ganado la supremacía absoluta, hasta el hartazgo.
Me doy cuenta de que noto a la arquitectura en aquel tiempo como un equivalente a lo que hoy son otras formas de ejercer poder, influencias que mueven al mundo, que diagraman la rueda de nuestros días. El poder que manejan tan sólo unos pocos a escalas monstruosas, que generan ese mismo “temor de…”.

También empiezo a sentir frío. Ya no me siento tan a gusto dentro del claustro.
Los años volvieron a hacer lo suyo por sí solos.

Huyo.

1 comentario:

Paranoica dijo...

siempre los estùpidos, siempre los tormes, siempre aquì digo "presente". entre tanto medieval canibalismo, me pongo un banquito de madera con una pata que està media floja y da estabilidad. apunto la nariz a lo alto y creo que estoy màs cerca que dios pero màs lejos que esa catedral.