miércoles, 10 de enero de 2007

Cara o ceca

Me permito tomar una idea de un personaje de mi humilde videoteca, para explicar ciertas sensaciones que rondan por mi cabeza desde hace unos años. Como dice Bill, promediando el desenlace de una película de Tarantino, la mitología que rodea a los superhéroes nos ha demostrado que es fascinante. ¿Quién no soñó alguna vez con volar como lo hacía Superman, para combatir la adversidad? Suena deplorablemente utópico. Sin embargo, reformulo la cuestión hacia un campo un tanto más terrenal: No me digan que miento si alguna vez a nadie se le cruzó por la cabeza resolver un conflicto en la oficina cual Hombre Araña o Batichica… Claramente. Lo sería en ciertas oportunidades.

Retomo la idea del arquetipo que hasta aquí nos condujo. Hace unos meses asistí con unos amigos a una fiesta de despedida en la que la (auto-homenajeada) anfitriona se iba a encontrar con un futuro prometedor en el Viejo Continente. Se había disfrazado de Mujer Maravilla. Parecía infalible. Infaliblemente de-ca-den-te, si aclaramos que (además) tenía unas copas encima. La desconocimos. Danzaba desenfrenada por las tarimas de aquel antro. Nadie más llevaba disfraz en la fiesta. Mis amigos y yo huimos entre las sombras, luego de aquel espectáculo ordinario.

Días atrás, me entero que aquella Mujer Maravilla había vuelto al barrio, con una mano atrás y otra a
delante. Sin ánimo de burla ni resentimiento, me animaría a decir que de golpe se dio un porrazo con su mismísimo “alto”-ego. Me pregunté si alguna vez logramos algo bajo el manto protector del disfraz del superhéroe, mintiéndonos a nosotros mismos, como superados. Acto seguido, recordé –por ejemplo- las veces que en una primera cita una se emperifolla y luego, nada.

A continuación, si le sirve, una modesta recomendación. Encare el toro por las astas. Con la frente bien alta, mi amigo, sin grotescas caparazones. No se va a arrepentir. No importa cuánta gilada se meta encima… nada en el mundo lo va a cambiar.

(miércoles 6 de diciembre de 2006)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pensar que esa noche me enfermé y no pude apreciar a nuestra versión local de la Mujer Maravilla en todo su (decadente) esplendor. Demonios!

8 de diciembre de 2006 19:05:00 ART

Anónimo dijo...

De algún modo concuerdo.
Primera cita de emperifollación.
El, camisa lila y pantalón de vestir. Ella, blusita de call center y pollera al tono.
Carruaje, las princesas no viajan en remis.
Primero, la parte de emperi.
Luego, la follación.
Buenísimo mal.
Y luego, la nada.

18 de diciembre de 2006 1:16:00 ART

Anónimo dijo...

De no existir el miedo nunca podríamos saber cuando somos grandes. Sin dudar y, de tener siempre certezas, imposible sería saborear el triunfo del acierto y ser descocados no valdría la pena. Qué mejor forma de demostrar que nuestra sangre no es hielo sino con fobias y ascos, manías y odios. De no gozar de esas cuestiones no seríamos humanos, así tal vez, volaríamos con capas y sungas ajustadas, treparíamos paredes y nuestros anillos serían mágicos. De ser ideal esa situación ningún superhéroe viviría con el peso de ser un completo extraño.

26 de diciembre de 2006 21:39:00 ART